Libro Abierto

La autora La cuna del escorpión, Premio de Novela Manuel de Jesús Galván 2021, es una de esas lectoras “que no abandonan ningún libro, o casi ninguno”

¿Qué estás leyendo estos días?

No puedo evitar el sabor a melancolía de la pregunta. Sobre todo, por esas dos últimas palabras, que tienen el peso de todo un año que acaba. La verdad es que he estado alejada a propia voluntad de lo que me interesa leer y sujeta a las demandas de un doctorado en creación literaria de novela que realizo en la Ciudad de México. He tenido que revisitar algunos clásicos como material asignado en el programa, para reconocer, con ojo de escritor más que el de lector, las funciones de la novela. La náusea de Sartre, Las aventuras de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe, Cien años de soledad del Gabo, Nada de Carmen Laforet, han sido los títulos que he leído este mes. Siempre es un placer volver a lecturas que hice en mi juventud y que ahora critico desde el oficio de escribir, que siguen siendo objeto de asombro, y no defraudan. Tengo pequeñas montañas de obras esperándome en casa, amigos que publican, regalos que me han hecho, premiadas por la crítica. Es el precio que he tenido que pagar estos últimos tres años, leer no solo aquello que me da la gana.


¿Cuál fue el último buen libro que leíste?

Libro de familia de Patrick Modiano. Al principio tenía el ritmo lento de la cotidianidad, esa que te mece hasta hacerte dormir la siesta, pero que muestra, que es justo allí en las cosas corrientes y simples donde habita la vida. Como soy de las lectoras que no abandona ningún libro, o casi ninguno, me dejé guiar por el autor quien también narra. Y fue increíble lo que sentí al pasar la última página. Pensé: “Solo por esta última, frase, había que leerlo”. Fue como una cerilla que enciende la comprensión de toda una vida. Cerré mis ojos murmurando, por supuesto…, por supuesto…


Novelistas que sobresalen en tu biblioteca:

Me traicionaría si te digo un solo nombre aunque varios me influyen. Ellos: Soyinka, Morrison, Wolf, Duras, Clarice, Barthes, Carpentier, Amado, Bolaño, Pynchon, Lezama, Kawabata, García Márquez, también Rulfo, Vargas Llosa, Vargas Llosa, Onetti, Barrios, Jorge Volpi, Fernando Vallejo, César Aira, Chirbes, Muriari Aira, Alexievich, Camus, Borges, Gabo, Tozzeracur.


¿Qué tipo de libro te ha influenciado más para escribir La cuna del escorpión?

La crónica histórica. Es un híbrido que mezcla la investigación periodística con el análisis y la interpretación, al mismo tiempo que incluye literatura. Me he encontrado más cómoda con el análisis de estos temas y la historia, es una forma de contar geografías. No hemos coincidido. Es un oscuro galimatías al que se entra sin mapa ni brújula, pero tengo la certeza de que esa literatura siempre promete una luminosa puerta de salida, fantástica e inolvidable. El niño en su tiempo es también un pendiente. Parás esto sólo necesitas tiempo.


¿Cuál es tu personaje literario favorito?

Tengo varios. Reine una de las protagonistas de La elegancia del erizo, por su amabilidad, su belleza y la inteligencia. Monje un niño musulmán que narra las vidas antes de Romain Gary. De Por las llanuras de la memoria, como constructora de un universo desterrado.

Me los conceden mis sueños, me quedo con el don de inventarlos en la madrugada, sin piedad, como una lluvia constante de sangre sobre el cielo despejado. Ni siquiera, llego a encarnar al personaje de Blume, el hombre justo y desencantado, tembloroso y cobarde. El hombre común e imperfecto que tiene a lo largo de la vida un destino incierto.


¿El mejor libro que has leído y que nadie conoce?

Pienso en dos o tres que cuando los he terminado, he pensado: ¿Por qué diantres no lo escribió yo? La acabadora de Michaela Murgia, es uno de ellos. Es una buena novela para leer en Navidad, galardonada con el Premio Campiello, de mayor prestigio de Italia. Aborda el tema de las desventuras que representan los ancianos en una tierra, donde el clero y la comunidad descubren de falsos pudores, desde el respeto y el amor.

Amo sus ciudades, Roma, me pierdo en ellas, con un recuerdo constante del mar. Todas mis ciudades, tienen un parque para caminar, una plaza de piedra y una librería escondida. Releo a James Joyce y leo en inglés, así he leído algunos textos, la relectura es algo recurrente en mi vida. Habito entre páginas.


¿Qué temas tiene pendiente tratar a fondo la literatura de ficción dominicana?

Esa pregunta la respondería mejor un editor o algún estudioso del género en nuestro país. Sin embargo, la celeridad con la que se ha transformado República Dominicana en muchos sectores ha repercutido en el arte y su producción. Observo una apertura en la temática de la novela, una distancia del tema histórico, o se aborda desde otro estilo narrativo. Se muestran otros temas sociales, lo marginal, lo urbano, el testimonio, la autobiografía. Hay nuevos y buenos escritores en el panorama, cada uno de ellos hablará sobre el tema que los mueve, es preciso para enriquecer la literatura local. Donde seguimos teniendo un reto es en la industria editorial, no solo para obtener visibilidad en el mercado nacional e internacional, sino para incrementar la calidad de los libros que se publican. La auto-publicación es una alternativa legítima a la que cada vez se recurre más. Todo aquel que escribe quiere ser leído. Sin embargo, sin lectores no hay libros. Esta sí que debe ser una causa colectiva de todos los sectores de nuestro país, de todo dominicano, hacer crecer el público lector, sembrar el amor por la lectura en nuestro país, una mágica manera de cimentar un futuro cívico y además brillante.


¿Qué planeas leer en las próximas semanas?

Estoy incorporando literatura dominicana en mi agenda, quiero estudiarla, conocer mejor las generaciones que me anteceden. También descubrir nuevas voces con quienes comparto época. Y sin duda, el libro de Faulkner he de terminarlo, con una sonrisa, recordando esta entrevista.

Priscilla Velázquez Rivera